viernes, 26 de abril de 2013

ser uno o ser dos

ORACULO
por Stv.




{Posiblemente ser uno en ésta o cualquier otra creación sea imposible}




En el universo informático existen un sinfín de shortcuts o atajos que no son otra cosa más que combinaciones de bites traducidos en comandos o acciones, los cuales, en la mayoría de las ocasiones ayudan al usuario a encontrar el camino o la solución a un problema cibernético y no en pocas ocasiones llevan a la representación y/o trasformación física de algún concepto que, funestamente (en el caso de los comandos prohibidos), llevan al operador a otras dimensiones, como al mismo infinito, al limbo, incluso mostrar la misma eternidad en tiempo real. Y es que en un mundo saturado y rebasado por la información, siempre habrá osados que se atrevan a emplear las instrucciones prohibidas, como por ejemplo: el asterisco punto asterisco. Quienes se han atrevido, obtuvieron su penitencia con la inesperada sorpresa de verse sobresaturados con la información obtenida, el consecuente bloqueo del aparato y en el mejor de los casos el obligado reseteo para el reinicio completo del sistema. Son tiempos donde la máquina y el hombre han entrado en una perfecta conjunción, tan es así, que aun en los problemas que el ente presenta en su rutinaria cotidianidad, ahora es fácil emplear el recurrente atajo: Control más zeta, siendo la combinación salvadora más empleada en el mundo digitalizado, ya que tiene la finalidad y la facultad de deshacer la mayoría de los errores voluntarios o involuntarios, cibernéticos o mundanos en los que incurre el manipulador, aunque muchos de ellos no se puedan remediar. Quizás la primera lección que debería saber todo ser que entra por primera vez al mundo de las máquinas, sería el uso adecuado de los shorcuts legales y prohibidos, cosa que nunca entendió o nadie quiso enseñarle a Bruno Ochoa Diez.

En verdad, él era un minúsculo corpúsculo, pero por alguna extraña razón tenía la sensación de ser una mole gigantesca, pronto todas sus dudas se aclararían y la realidad lo finiquitaría. Desde pequeño, si es que alguna vez se le pudo llamar así, fue un curioso insaciable que se cuestionaba todo. Gracias a la época que le había tocado vivir, aunado a los sorprendentes avances tecnológicos, Bruno había logrado saciar todas sus dudas. Logró indagar y explorar el firmamento de la información de extremo a extremo, de pe, donde se daba el origen mismo de todo a la pa, donde concluía la nada, (lógicamente pasando por el pi, el po, pu, la qe, qi y así sucesivamente con todas las posibles combinaciones de ese nuevo pepisilábico orden gramatical). Habiendo indagado cada rincón del cosmos sólo quedaba un lugar que no había explorado y era lo relacionado a sí mismo.

- ¿Habrá algo en lo que yo destaque, Qué lugar ocuparé en el espacio? Empecemos por mi propio vecindario -especuló.

Más había tardado en pensarlo cuando la máquina le había respondido: el Uno. No quiso quedarse en ese punto y subiendo de nivel, se preguntó el lugar que ocupaba en la colonia, en su estado, su País y la respuesta siguió siendo la misma: Uno. Ni el aparato ni el individuo daban crédito al resultado, por lo que yéndose al extremo mismo, se cuestionó el lugar que ocupaba con respecto a todo el universo. Al ver el mismo resultado primero se puso rojo, sintiéndose profundamente insignificante, después la temperatura máquina - hombre - habitación empezó a elevarse debido a la excesiva y conductiva traspiración de Bruno, debido a las reacciones neuroquímicas provocados por la vergüenza que en combinación con los pesados procesos electrodigitales generados por cálculo simultáneo de cuatrillones de complejas operaciones de unos y ceros para realizar la búsqueda. Tan prodigioso análisis dio origen a la transmutación, generando el colapso inminente.

El microprocesador versus cerebro han entrado en conflicto, la sobrecarga informativa ha sido saturada, sobrepasando los máximos límites permitidos en los manuales de seguridad. Del artefacto enloquecido brotaban a borbollones un sinfín de chispas multicolores a través del monitor, originando fuerzas centrípetas que en feroz convergencia se arremolinaban en asonada complicidad contra Bruno quien a su vez disminuía en dimensiones sus colosales extensiones y su criminal descomunal peso, el cual pareciese tendiente al máximo posible, por no decir al infinito, pero que en realidad era directamente proporcional a su proporción. Había entrado a una fase de empática sincronización, una absoluta concentración a la máxima enésima potencia entre dos entidades de mundos diferentes. La exponencial decreciente se daba en logarítmica creciente, originando que Bruno se expandiera en forma inversamente proporcional y en sentido opuesto. En el sistema nunca se había dado una relación tan biunívoca y a la vez tan contraria, ya que a medida que el armatoste comprobaba la supremacía humana en la dimensión suprema, éste llegaba al punto del desborde informático en fusión y confusión con el límite del infinito. De la tremenda implosión electronuclear, chispas, circuitos tanto neuronales como electrónicos se han conjugado en complicidad en una sobrecarga de energía en forma de tsunami digital de datos, todos los elementos a la vez agolpados y reducidos en un solo conceptual punto, que al final terminó quedando en nada. En esa diferencial y minúscula nada por no decir nano punto concretado y sintetizado, se ha formado una absoluta y total empatía. El esférico ente cóncavo ha entrado en armónica sintonía y perfecta conjunción con el convexo dispositivo compinche.

En la actualidad cuando alguien busca el significado del concepto infinito o infinitesimal, en la ventana de la pantalla aparece el siguiente mensaje: ERROR DE DESBORDAMIENTO BR1 8A 10, significando que se ha intentado traspasar los límites de las conocidas dimensiones estándares.

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