miércoles, 15 de febrero de 2012

SIN FIN

SIN FIN
por N

Contando 1 Giga RTx…

ADVERTENCIA:
LA LECTURA DEL SIGUIENTE TEXTO, PUEDE PROVOCAR INDIGNACIÓN, REPULSIÓN O FRUSTRACIÓN. NO DEBE, NI PUEDE SER LEÍDO EN VOZ ALTA, INTÉNTELO BAJO SU PROPIA RESPONSABILIDAD. NO SEA CURIOS@.


Erase alguna vez, en algún lugar, en cualquier tiempo, un taller donde se tejían ingeniosos cuentos. Todos los ídem ahí elaborados eran entretejidamente hermosos y bien armados, cada uno con su propia personalidad. Se tejían textos de todos los colores: unos verdes, otros rojos y otros aun más colorados, algunos extensos, unos muy floridos, los menos oscuros. Todo un tutti frutti cultural.
Lo importante de un bello cuento -decía el maestro- radica en que éste esté bien estructurado, que cumpla con todas las reglas gramaticales establecidas, que tenga un buen íncipite, un nudo o conflicto y un fin, aunque éste, no necesariamente, sea inesperado.
Maestro -preguntó Alma, tímida e inocentemente- ¿puede haber cuentos sin fin?
De momento el maestro se alarmó, enseguida se encolerizó y luego de contar hasta mil, se serenó y con su tono de voz lo más dulce posible le dijo a su alumna:
- Esa pregunta en otros tiempos, prontamente hubiera sido reprimida, cuando menos con una hora en la esquina viendo hacia la pared y adornando con unas orejas de burro la cosa esa que tienes sobre los hombros. Además te hubiera contestada con un: NIÑA CÓMO SE TE PUEDE OCURRIR SEMEJANTE OCURRENCIA, TODOS LOS CUENTOS TIENEN FIN. –prosiguió- No existe, no puede, ni existirá jamás un cuento sin fin, no hay, no debería, sin embargo… lamentablemente un tipejo no solo se atrevió a escribir un cuento sino que yendo aun en contra de las leyes de la inteligencia se propuso escribir una serie de Cuentos Sin Fin, documentos reconocidos en el bajo mundo cultural como RESIDUOS TÉXICOS. Quienes tuvieron la oportunidad de leerlo decían que el contenido de dicha obra en esencia era toda contradictoria, que nada había inventado y que todo se lo había pirateado, al menos eso es lo que se cuenta, entonces, ¿quieren que les cuente el cuento?
- Siiiiiii, contestaron con ansias, al unísono.

Todo comenzó hace unos cientos de años. De forma misteriosa y silenciosa, quizás en un afán de demostrar su brillantez, por comodidad o en aras de la simplificación, los científicos en complot con los matemáticos, empezaron a modificar a las palabras. Primero introdujeron números que fueron sustituyendo a las silabas, después palabras completas y en casos extremos hasta ideas complejas fueron remplazadas. Todo hubiera estado bien si éste secreto de eficiencia hubiera quedado enclaustrado en las cuatro paredes de esas mentes brillantes. Si tal sólo se hubiera empleado las mismas restricciones que le aplicaron al latín, el cual en la antiguedad fue usado exclusivamente por quienes desarrollaban las ocultas ciencias oscuras, dejando ese lenguaje fuera del alcance de las masas.
Las palabras empezaron, no a desaparecer, porque seguían ahí, pero si a transformarse. Se hacían más concisas y comprimidas aunque en el contexto seguían representando los mismo, más aun, a medida que transcurría el tiempo y las simplificaciones iban en aumento, cada vez más cosas complejas eran representadas por cosas simples. Con la reducción representaban mucho más con mucho menos. Las primeras víctimas de ese fatal asesinato grafía gramatical, valga la rebuznancia, pero en éste punto ya no importaba la hortografía, fueron los acentos, dijeron: al final de cuentas nadie los utiliza. Después masacraron a las mayúsculas. Con el pretexto que de éstas sólo se utilizan al principio de cada oración o cuando HABÍA QUE RECALCAR ALGO MUY IMPORTANTE O EXPRESAR NUESTRO IRACUNDO O EUFÓRICO ESTADO DE ANIMO, algo así como un grito lingüístico innecesario en este medio, donde podría entenderse con sustanciosas palabras, aunque estas sean suaves y cortas.
Empezaron a emerger formulas, símbolos incluso imágenes. Ante nuestros ojos, los propios ojos nos estaban traicionando, se estaban volviendo en nuestra contra; los oídos ya lo había hecho, en algunas condiciones era prácticamente imposible diferenciar o identificar, da lo mismo, una C de una S o de una Z. La J con G o la V con la B, por citar algunos cambios. Las reglas de esa nueva sintaxis eran simples, nadie las había inventado, pero todos los sabían intuitivamente y las aplicaba bien. Quizás estaban basados en la idea que una imagen vale más que mil palabras. También empezaron a desaparecer las E’s, y fueron remplazadas por sus consonantes equivalentes como en el caso de la B, D, T, así por ejemplo para decir dedos ahora bastaba escribirlo con d2. Se elimino todo lo superfluo e innecesario. Toda la pronunciación seguía y sonaba igual, pero visiblemente estaba escrito diferente, mucho más sencillo y simple. Poco a poco, los eruditos empezaron a introducir todas sus abreviaturas, sustituyendo grandes ideas a términos cortos, así por ejemplo en lugar de decir: el paso de la frecuencia de mil ondas sinusoidales a través del espacio durante el lapso de un segundo, se empezó a decir MHz en lugar de escribir agua comenzaron a plasmarla con H2O, por mostrar algo. Así sucesivamente había iniciado una exitosa culminación a la simplicidad.
Nadie se dio cuenta o al menos nadie dijo nada, pero estaba pasando. Todos lo estaban viendo pero nadie quería verlo ¿éramos todos cómplices o autores intelectuales? ¿Estábamos convirtiéndonos en simples espectadores o de plano nuestros ojos no podían ver lo que indiferentemente veíamos? ¡NO!, no era un capricho modal, simplemente la gente aprendió a darse cuenta del contrastante e incoherente significado de las letras, palabras y oraciones, por ejemplo todos creían que una revolución significaba un cambio, pero ningún matemático le dijo que una revolución es igual a 360 grados o sea empezar y terminar en el mismo punto, si acaso mareados por la vuelta, pero todo igual, en el mismo lugar donde se comenzó. A pesar de esto fue llamada la Revolución de los Iletrados, pero como la simplicidad y la verdad, desde siempre termina imponiéndose, se le llamó 360º y letra2 o RTxpara los más radicales. Fue una evolución literal. ¿Qué se podía hacer ante esto? Fue el terrible y temible juego de las sustituciones –dijeron doctos conservadores- le llamaron la prostitución de las letras, ¿sería acaso la venganza de la imágenes?, bastaría con recordar que antes de la llegada de nuestros conquistadores, no existía la escritura, todo se basaba y representaba en pictografías, cada quien entendían lo que querían entender y al parecer todos eran felices.
Todo hubiera quedado ahí, imponiéndose las ideas, abreviaturas e imágenes sobre el texto tradicional escrito, pero esa ofensa a todo lo establecido en la comunicación plasmada no podía quedar ahí, había que ir por más. Se rumora que un supuesto Escritor N, fiel adorador de Baco, aprovechando la literal evolución de la literatura letrada, se le ocurrió escribir una serie de micro cuentos Sin fin a los que titularía: CUENTOS CONCISOS A INCRÉDULOS que motivarían a la gente a pensar, a utilizar su imaginación, textos libres de toda paja, directos al grano, puro y sustancioso contenido. Decía: Expresar más con menos. Cabe resaltar que el seudo cuentista siempre tuvo afición por ir contra corriente a toda regla, norma o leyes, aun las de la naturaleza. Esa era su fiel naturaleza.
Cuando llego a juntar una serie de cuentos, los canalizó por el conducto adecuado, como debe de hacerse. Se presentó ante la Real Academia de la Lengua.
-Vengo a solicitar la publicación de mi obra.
A medida que iban leyendo los cuentos, la cara del censor iba cambiando, primero una risa, pero no esa risa que provoca un buen cuento, más bien esa risa de que: cómo te atreves a presentarte con esto. De la risa pasó al coraje o quizás a la indignación, ya que los ojos se les crisparon y refutó:
-¿Qué es esta porquería? Esto no puede ser llamado cuento, todo lo que escribe es inconsistente e incoherente. Quiero que usted me explique sus supuestos escritos, o cuentos, letras o ya ni se yo como llamarlos, aclarándole que ya me tiene hasta la coronilla, que si el título no es acorde con su contenido y consecuentemente el contenido no es acorde a la explicación del texto, estará en una esdrujulísima situación. Su insolencia está en demasiada y mi paciencia ha empezado a agotarse. ¿De qué trata este texto Shift Sin Fin?, por ejemplo.
-Es una oda a las mayúsculas
-¿Me quiere ver la cara de idiota o qué?: TODO ESTO ESTA EN MINÚSCULAS –gritó ya verdaderamente encolerizado- nada es concordante, mucho menos coherente, todo un insulto a la inteligencia más elemental.
Desafortunadamente, para el Escritor N, nada podían refutarle, cada palabra escrita concordaba con lo expresado. Cada uno de los mencionados cuentos eran breves pero profundos, cada título acorde con el contenido del escrito, si es que se pudiera llamara así. A medida que iba leyéndolos, si igual se pudiera decir así, más sorprendido quedaba, cada documento era más breve que el anterior y aun así la profundidad de mensaje se incrementaba inversamente de manera exponencialmente proporcional a la extensión del mismo, mientras menos palabras utilizaba más decía. En cada cuento que se leía y veía, las oraciones se reducían aun más, consecuentemente la extensión de las expresiones también. A medida que intentaba avanzar en su lectura, más alzaba la voz como queriendo que todo mundo escuchara la sátrapa de barbaridades que ahí estaban escritas, de repente, los caracteres de los textos empezaron como a desaparecer, los cuentos, escritos o documentos o como se le quiera llamar, empezaron a ser verdaderamente inteligibles, peor aun cuando empezó a mezclar letras con números e imágenes. Llegó el momento en que por más que quiso gritar, no pudo mas, más bien no supo cómo, la lectura de esos manuscritos había llegado a tal extremo que era imposible pronunciar símbolo alguno, se había convertido en un apabullante y arrollador tsunami de ideas, una tras otra, cada vez más penetrantes, cada vez más simples y cada vez mas silenciosas. Y peor aun los cuentos seguían siendo concisamente cortos y profundos, en ellos revelaba una realidad que no podía ser real, aun a pesar de que lo estuviera viendo con sus propios ojos.
Todo esto que se cuenta parecerá confuso, al principio y probablemente lo sea peor al final, quizá por eso se le llama la paradoja sinfín de las letras, el dilema del cuentista. Hay cosa tan evidentes que con solo verlas damos por hechas que son verdaderas, pero, ¿qué pasa cuando lo que vemos o peor aun lo que no vemos corresponde a lo que leemos o interpretamos? o mucho peor aún, no corresponde a lo que esperan percibir nuestros sentidos, la vista o tacto, en caso de lectura braille. Qué pasa cuando lo que se ve no es, según tus propios paradigmas, a pesar de cumplir con todas las requisitos para ser. No es solo un conjunto de caracteres, pudiera parecer un juego de palabras, más bien entra dentro del terreno de los cuentos, relatos, estudios o como cada quien quería llamarlo o donde cada quien quiera acomodarlo. Entrar en una disputa de lo que es y lo que no es, es entrar en un juego peligroso, una lucha de razones, de ideas, de entornos, es caer en una vorágine sinfín. El punto de todo esto es contarlo, precisamente para evitarlo. Los nano cuentos, desaparecieron, se sospechan que algunos escritos se salvaron de la censura y aun andan circulando. Del Escritor N nunca se supo mas, se rumora que sus últimos días los terminó recluido y olvidado en un instituto psiquiátrico. Ese fue su fin.

-Así es como jamás existieron los CUENTOS SIN FIN, concluyó el maestro.

FIN
;P

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H2O SIN FIN
¡¿Nada?!

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PARÁBOLA SIN FIN +:
Ü

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DILEMA SIN FIN
(Cuentista / Cuentero) = 1

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SIN FIN N
ZZZZZZZZZZZ....

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EXTRA SIN FIN
Fua

∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞

CON FIN SIN FIN
+ ak dl ∞

lunes, 23 de enero de 2012

EL CAMALEÓN - ANTON CHEJOV

EL CAMALEÓN. Hay quienes se transforman como por arte de magia. Un gran #cuento de ANTON CHEJOV >>> http://goo.gl/lPF1b

miércoles, 11 de enero de 2012

TATUAJE.
Pasó hace varios lustros y aún retumba en mi cabeza todos los días: los pingüinos marinela con sabor a chocolate dame una probadita -- sesorias (@sesorias)

Tachas-Efrén Hernández

¿Dudas?, Confundido o divagando. No todo es lo que parece, si no me crees relee el Tachas-Efrén Hernández >>>

jueves, 5 de enero de 2012

REALIDAD.

REALIDAD.
Era un #cuento de ficción. En él los buenos fracasaban, los abusivos eran ricos y los más malos tenían el sartén por el mango.

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DICTADOR.

Mensaje 1: Estaban los tomatitos muy contentitos cuando llevo el verdugo a hacerlos jugo. ¡Que me importa la muerte! dicen a coro, si muero con decoro con los productos del Fuerte...

Mensaje 2: Eres un tomate, espera tu turno.


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miércoles, 4 de enero de 2012

TRAGEDIA MITOLÓGICA-Marco Aurelio Almazán

TRAGEDIA MITOLÓGICA-Marco Aurelio Almazán

-¿Que ha sido? ¿Macho o hembra? -preguntó resoplando el nervioso y primerizo padre, que llevaba horas de aguardar en los interminables pasillos de la maternidad del Monte Olimpo.
-Macho -balbuceó el médico, un poco cabizbajo-.Sólo que...
-Sólo que ¿qué? -volvió a preguntar el neófito, con un hilo de voz en que apuntaba la histeria.
El tocólogo decidió no andarse por las ramas. Después de todo, el no era responsable de estos fenómenos genéticos que a diario se daban en la Grecia clásica.
- Mire -abrió los brazos-, para que vamos a engañarnos.
Es macho, pero un poco raro.
- ¿Nació sin atributos masculinos? -alzó una ceja el padre.
-Todo lo contrario.
En ese respecto está muy dotado por la naturaleza. Estupendamente bien dotado. Y la madre se encuentra en perfectas condiciones.
Luego, falsamente jovial, le dio unas palmaditas en la testuz a su interlocutor.
-Pase, pase a verlos.
Con la mirada turbia y recelosa, el nuevo padre se adentró en la habitación.
- ¿Eres tú, Cornelio? -preguntó desde un rincón lo joven madre, con un susurro quejumbroso.
Cornelio permaneció mudo durante unos instantes, mientras sus ojos se habituaban a la penumbra.
Después, lo que vieron le dejo anonadado.
Un furor ciego recorrió su cuerpo tenso y musculoso.
-Pero Eleuteria, desgraciada, ¿qué es esto? -borboteó iracundo, señalando el cuerpecito aun húmedo del recién nacido.
-Nuestro hijo...-repuso la recién parida un poquito asustada.
- ¿Nuestro? ¿Te atreves a decir que ésto es nuestro, mala pécora?
Cornelio se acercó y zarandeó violentamente a la casquivana Eleuteria.
-Cuidado, que se me va la leche...-gimoteó ella.
-Lo que se te va a ir es el alma -continuó él, maltratándola de palabra y obra-. ¿Te das cuenta de la chunga, mofa y befa de que voy a ser objeto en toda Grecia y en las islas del mar Egeo? ¿Con que cara voy a salir por los campos del Peloponeso a pasear ese engendro? A ver, dime, dime, idime!
-Cornelio -reculó Eleuteria-, amor mío, lo juro que debe haber sido un salto atrás generacional, como los que se dan a veces.
El furibundo Cornelio le soltó una coz en la boca.
- ¡No jures en vano, so hetaira! -bramo ofendido-.En mi familia nadie ha saltado hacia atrás.
¡Todos saltamos hacia arriba y adelante !
-Bueno, basta ya, so echeverrista -se revolvió ella pasando a la ofensiva, como suelen hacerlo todas las hembras cuando se les atosiga demasiado-. Lo que sucede es que eres más racista que el futuro Hitler.
-Pues sí, soy racista. ¡Y a mucha honra!
-Pues entonces vete al cuerno, imbécil.
-Del cuerno vine y al cuerno voy -relinchó furibundo el presunto y efímero padre.
Después, dando un portazo, el unicornio salió de la habitación, cruzo el pasillo echando espuma por la boca, salió de la maternidad del Monte Olimpo y a galope tendido se perdió por esos mundos de Zeus.
-Cornelio…-todavía suplicó llorosa e inútilmente la bellísima y ligera de cascos yegua, enjugándose una lagrima.
Luego, con un suspiro enternecedor, se volvió hacia el pesebre donde yacía el pequeño centauro y comenzó a amamantarlo como si allí no hubiera pasado casi nada.

lunes, 2 de enero de 2012

ANTEOJOS Y PALOMAS - Luis G. Urbina

ANTEOJOS Y PALOMAS - Luis G. Urbina

En la oficina donde estoy empleado, frente por frente de mi pupitre apolillado y de forma arcaica -potro de tormento de diez generaciones de infelices-, se abre una ventana, hermosa y amplia, que es la repartidora de luz y de alegría en el salón, húmedo, polvoso y tapizado de estanterías y legajos. Desde ella, cada vez que levanto la mirada, puedo ver un corredor cercano, cuyo pretil de mampostería sostiene una línea de macetas, una pared pintada de rosa en la que se destaca el verde fresco de las plantas florecidas, y en lo alto, un pedazo de cielo rasguñado aquí y allí por los alambres del telégrafo y las torres de fierro de los tinacos. Para mí, especialmente, la ventana es un cuadro animado que no deja de interesarme. Parece que escogí el sitio mejor y más conforme con mi temperamento, para vivir siete horas del día, entre guarismos. Mi trabajo consiste en formarlos sobre el papel, a manera de grandes batallones, y hacerlos evolucionar en ese campo blanco, y ejecutar con tal ejército las más difíciles maniobras. Doy un toque de atención y hago marchar las columnas de cifras... ¡tan, tan!, en interminable desfile. La labor, en fuerza de monótona, ha llegado a ser mecánica y aburridora; pero es preciso ganar el pan, y aquí me estoy, encorvado sobre expedientes y cuadernos, ordenando pelotones de números, haciendo largas sumas y multiplicaciones imposibles, en lucha perpetua con estas cantidades cuya significación y resultado no alcanzo, del mismo modo que el sargento no puede darse cuenta del plan de campana del general; ¡Ah!, si estos números fueran alguna cosa: objetos, monedas, bultos; y si me dijeran algo al pasar! Pero no. Conservan su misterio y rigidez: son imperturbables, son abstractos: uno, dos, tres, cuatro, cinco ...

Por eso, la escapatoria de un instante, la repentina fuga de ese cuartel de operaciones, consuela un poco mi fantasía. Dejo de ser maquina por segundos, y torno a ser hombre: por veloces intermitencias, pienso, y, como el filosofo, me doy, cuenta de que existo.

De ordinario, al entrar por la mañana en la oficina, o por la tarde, cuando se va la luz y el salón se obscurece para impedirme trabajar, tengo más tiempo de que vuele hacia la ventana alguno que otro sueño impenitente y terco. A veces es preciso echar la persiana, porque el sol es muy insolente y me arroja a los ojos, para deslumbrarme, puñados de sus diamantes californianos, y el aire es muy travieso y se pone a jugar con mis papeles. A veces también me obliga a mis compañeros de presidio a cerrar la vidriera: mis compañeros, viejos asmáticos, jóvenes anémicos y algunos cuarentones egoístas que ya se hicieron el ánimo de pasarse la existencia enclavados en sendas sillas. Sin embargo, a través de los vidrios opacos y sucios, sigo, cuando quiero, contemplando mi horizonte. Le ponen cristal a la pintura como si fuera un cromo corriente: pierde algo de su carácter; pero todavía se la ve simpática, alegre sobre todo en tardes de lluvia, cuando los hilos de agua tejen en el viento sus caprichosas y sutiles encajes, y las gotas loquean y saltan al caer, como si tuviesen vida propia, haciendo mil ruidosas diabluras en los juncos colgados del muro, y en las flores, y en las hojas de las macetas. Mi cuadro tiene muy poco movimiento. Es un paisaje sin figuras. Suelen en un momento aparecer, por entre una mata de claveles o tras un penacho de margaritas, los semblantes cetrinos y vulgares de las muchachas indígenas que habitan en ese pequeño paraíso, plantado, para darnos envidia, frente a nuestro infierno burocrático. Pero son tan feas las pobrecillas -cabezas de ilustraciones de viajes al África- que, en lugar de aumentar, le quitan interés a la composición, y, a la vez que en ella se presenta, tal parece que algún irreverente y mal intencionado, emborronó con sepia aquellas figuras groseras con el propósito de deslucir la delicadeza del fondo. En cambio, cuando una veintena de palomas se para en el pretil de piedra y lo atraviesa de carreras y semivuelos, cualquiera, al verlo, diría que está mirando una linda acuarela. De buen tiempo a esta parte, las palomas han aumentado de un modo notable. ¡Qué sé yo! Se han reproducido o han venido de otros lugares, atraídas por la quietud y la frescura del corredor. Entre el refunfuño de los empleados que dictan cantidades o confrontan minutas, se oyen arrullos tristes, reclamos de amor y bulliciosos aleteos: -arias apasionadas, dúos encantadores que acompañan un coro de canónigos enronquecidos y soñolientos-. Las palomas no pueden vivir sin enamorarse, todo el día se cortejan: ellos son galanteadores de oficio, atrevidos, donjuanescos, románticos; ellas son tímidas y tiernas, con una sencillez voluptuosa, y una docilidad para las caricias verdaderamente conmovedoras. Aman para vivir, al aire libre, con unción, con recogimiento, olvidadas de cuanto les rodea, extáticas, como si estuviesen celebrando el rito de un divino culto. ¡Oh, aves de Venus! ...

Desde hace muchos días una pareja concibió un capricho extraño: anidar en éste salón polvoso, sobre la cornisa de un viejo estante, en el hueco que dejan dos montones de expedientes que suben hasta el techo como dos columnas de cartón amarillento. Una mañana abrí la vidriera y él, el enamorado, se coló de un vuelo en la oficina, salto de acá para allá, como buscando un sitio que le conviniese, se paró sobre los legajos, recorrió las estanterías y, en seguida, volvió a salir con una rapidez inesperada. Regresó acompañado. Veía con él una bella hembra, de blancura frágil y luciente, como de espuma de mar en plenilunio; le enseñó el hueco, la obligó, a fuerza de arrullos, a que lo escudriñara, le hizo juramentos, la sedujo con la ardorosa elocuencia de sus reclamos. Ella vaciló en un principio y al fin cedió a los ruegos; esponjándose en un estremecimiento de deseo, e inclinándose, clavo en su pecho de nieve el vivido coral del pico. A partir de aquel día, los dos amantes no cesaron de perturbarnos en nuestras labores; golpeaban los vidrios si la ventana estaba cerrada, picoteaban la persiana, y cuando abría yo, entraban sin miramientos, como en país conquistado, a decirse ternezas en el viejo estante, en el hueco sombrío de los montones de expedientes. Nos hicimos amigos. !Qué guapo era el seductor, y que bien ataviado con su manto de tornasoles a la espalda, como bordado de pedrería y armiñado el pecho en el que brillaba, como un toisón de esmeralda, el collar de plumas joyantes! Ella, toda blanca, de nieve inhollada, se sentía orgullosa de su príncipe. Cantaba, mirándole, con un ritmo suave, casi imperceptible, como si estuviese desfallecida de emoción. En las primeras mañanas, me irrité, lo confieso; me distraían con su alharaca de alas y arrullos aquellos recién casados; no oía bien las cifras que me dictaban los escribientes y equivocaba las sumas y las multiplicaciones. Más llegué a acostumbrarme con la ruidosa compañía. Mientras yo sumaba, dos y dos son cuatro, ellos se preguntaban la eterna pregunta: ¿Me amas? !De veras que estaban locos! !Eran extravagantes y exquisitos, y buscaban sensaciones raras, nunca sentidas, como los modernos refinados! Tenían espacio, sol, cielo, flores, y preferían éste salón triste, ese mueble apolillado, aquel rincón telarañoso y obscuro. Allá fuera trasciende a rosas; aquí huele a papel viejo, a ratones, a pobreza; el corredor es un pedazo de campiña; el salón es un cementerio de almas y de legajos. No obstante, ellos, a juzgar por sus aspavientos, encontraban el nido delicioso. Yo pensaba: si fueran golondrinas me lo explicaría, pero palomas...

Por supuesto que mis compañeros estaban furiosos. Algunos se levantaban irascibles, y con los plumeros de los escritorios o con proyectiles de papel asustaban a Julieta y a Romeo. A la pareja le importaba un bledo esta conspiración armada; ¡Bah!, tenían alas, y cuando mucho se fastidiaban con semejantes demostraciones de descontento, se iban golpeando el aire enrarecido de la oficina, a seguir en el pretil de piedra su dialogo shakesperiano.

Cerrábamos la ventana; pero, a poco, era necesario volver a abrirla, porque nos asfixiábamos en aquella atmósfera cargada, de miasmas y de guarismos. La ventana es nuestro único medio de ventilación. De modo que los enamorados regresaban con una terquedad irritante, sobre todo, para mis colegas, mis viejos colegas, habituados a no ser interrumpidos en su silencio de tumba ni en su actitud sedante de momias egipcias.

Cuando el reloj acatarrado -una antigualla llena de polvo, como las mesas, los expedientes y los estantes- estornudaba las seis, oiase ruido de cajones que se cierran, de sillas que se remueven, de manos que se frotan, de pies que andan; el momento extraordinario de la libertad, el minuto de crisis en que recobrábamos nuestra actividad y nuestra conciencia. Al estrépito inusitado, las palomas se escapaban con la alegría de los meritorios que huyen del encierro, y volaban con tanta satisfacción que, en muchas ocasiones, mientras cerraba yo la ventana, las vi perderse en el cielo de ópalo del crepúsculo.

Las consideradas camaradas mías: llegaron a imponérseme, a sugestionarme. Gustaba de verlas allí, porque encontraba en ellas una metáfora viviente de mis versos, los que anidaban también entre cuadernos de números, y que se sentían arrojados por burlas y sarcasmos, y provocaban las cóleras de los empleados cumplidos y serios ... Decididamente, las aves se adoraban cada vez mas; ya no salían de su rincón; ya casi no cantaban su estrofa de amor monótona y lacrimosa: por rareza interrumpían el silencio, y mis irascibles colegas las echaban, de seguro, en olvido. Pero una tarde, al salir, cometieron grandes delitos: probablemente fiadas en el compañerismo, se atrevieron a pararse en la mesa del jefe, a volar al ras del suelo por todo el salón, a volcar tinteros, a sacudir a aletazos cuadernos y libros, en un frenético aturdimiento, en una embriaguez alada, cuya causa parecía ser algo como un ciego pánico de pájaros asustado. El ansia de irnos nos impidió enojarnos: la escena se celebró con risas. Las palomas salieron al cabo, hasta pararse a lo lejos, en el travesaño de una torre de hierro. Todos nos fuimos de prisa; digo mal, no todos; un vejete bilioso, una momia egipcia, se quedo a componer su mesa, sobre la cual el tintero derramado había pintado un soberbio atlas en la blancura del papel...

A la mañana siguiente, al penetrar en el salón, noté que la ventana ya estaba abierta. ¡Qué raro!, yo era el que siempre me ocupaba en eso.. .

El vejete, sentado frente a su pupitre, admirablemente arreglado, me contó sonriendo la historia: Llego temprano, apoyo, la escalera sobre el estante, subió, hizo una trampa de expedientes, una ingeniosa trampa, un voluntario y rápido derrumbamiento, y abrió la ventana. Después, cuando llegaron Julieta y Romeo, se verificó la catástrofe. Solo el murió; más atrevido o más enamorado, entró él primero, y sucumbió en su audacia. Ella huyo, impulsada por el instinto... Mi compañero sonreía: dentro de los vidrios de sus antiparras fosforecían sus pupilas vengativas...

De entonces acá han cesado los arrullos en la Oficina de la Estadística Fiscal. Ya no hay palomas en el corredor: las han prohibido.

Algunas veces, recuerdo a los amantes infortunados y me pongo melancólico a ratos; no me atrevo a asegurar que triste, porque... ¿Qué va a decir el ministro cuando sepa que un empleado de la Estadística se pone triste con la muerte de una paloma?

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Luis G. Urbina nació en México el 8 de febrero de 1868 y murió en Madrid el 18 de noviembre de 1934. Poeta insigne, fue también un gran prosista, que por larguísimo periodo colaboró en la prensa diaria y en las principales revistas de su tiempo; romántico, artista delicado y sutil, si figuró en las filas del modernismo fue sólo para acendrar su lenguaje y lograr matices que enaltecen su obra. Los títulos de sus libros son: «Versos», «KIngenuasm», «Puestas de sol», «Lámparas en agonía», e «Antología del centenario», «La literatura mexicana», «Cuentos vividos y crónicas sonadas», «Psiquis enferma», «Hombres y libros», «El corazón juglar», «Los últimos pájaros», «Luces de Espanta» y «El cancionero de la noche serena».