sábado, 31 de agosto de 2013

Lunáticos

MENSI, ¿VAIS?
por Stv

{El lado oscuro de la luna}

Eran días de aguardar dentro de las cavernas. Abundaba un ambiente saturado de pasmosa homonimidad. Todos los seres de la misma especie eran idénticos entre si, en especial los homideos. Nada diferenciaba a un cavernícola de otro, misma apariencia, mismo lenguaje abstracto, incluso mismo pensamiento. Durante millones de años la existencia de todos los seres vivientes trascurrió entre nacer, crecer, reproducirse y morir, sin trascender de algún modo mas que en su propia perpetuación. Todas las especies daban por hecho que todas las cosas estaban ahí, nomas. Que así había sido y que así seria por siempre. Sobre todo creían que no existía relación alguna entre las cosas  y los efectos. Por lo tanto, nunca nadie se cuestionó nada, no habría porqué. Pero surgió una pequeña diferencia que hizo a uno de ellos diferente a los demás.

Una noche uno de los cavernícolas alzó su vista al cielo estrellado y por primera vez se percató de un objeto suspendido en el aire, luminoso y redondo, mucho más grande y brillante que el resto de los cuerpos celestes. Su absorta admiración hizo que todas las noches, en forma rutinaria, observara fascinado tan curioso elemento. También se percató de la paulatina trasformación diaria que sufría el objeto hasta su total desaparición. Fue tanta su admiración y extrañeza por tan extraordinario fenómeno natural que no pudo evitar compartir su descubrimiento, mediante dificultosos gruñidos guturales, con los demás miembros del clan. Prácticamente todos lo tildaron de loco. Con sus rupestres señas le hicieron saber lo poco práctico que era observar algo que no tenía relación alguna con ellos. A pesar del rechazo de los demás trogloditas a su descubrimiento, el lunático ser no ceso de observar el cielo todas las noches, hasta contemplar nuevamente su enigmático descubrimiento. Con el paso del tiempo, el diferente ser pudo contagiar a otros la admiración por la omnisciente presencia del ente selenita. Juntos, los crédulos curiosos, pudieron comprender la mecánica traslacional del objeto astral, así como la paulatina transformante metamorfosis que influía en ellos en forma de medición temporal, la cual ocurría con la periocidad de un mes, lo que motivo que a este grupo de soñadores se les conociera como Mensis. Este hecho marcó la última vez en que todos los símiles homideos fueron iguales.

El paso del tiempo, la evolución y los múltiples caminos que tuvo que recorrer la mente originó que a la actualidad existieran tantos seres diferentes como pensamientos propios. En un mundo dominado por la imagen y la semejanza, en la práctica, teóricamente era imposible la igualdad de un individuo a otro, aún a pesar de coexistir en un universo que tiene como máximo principio que todo vacío tiende a ser llenado por otro de características parecidas.

En tal "prestigioso” espacio noticioso matutino de televisivo canal de las "estrellas" el anecdótico y joven conductor hace la presentación del entrevistado del día. Se refiere al erudito invitado como el sucesor y heredero del talento e intelecto de recién extinto literato.

Emular a otro semejante de oficio o intentar creer que se pueda ser igual al citado, incluso suplirlo en cualquier modo o sentido es meterse inútilmente en camisa de once varas. En este caso específico, aún cuando pudiera ponerse en sus zapatos y caminara un largo trecho, tendría que cubrir al menos tres características fundamentales que distinguieron en vida al letrado. Para comenzar, tendría que escribir a primera vista en forma aparentemente caótica e incomprensible, pero una vez releído el contenido, encontrar un texto saturado de un análisis contundente de los cotidianos hechos sociales, salpicados de una inobjetable razón y sazonados con una demoledora ironía. Además, tendría que tener una obsesiva y desmedida fijación por las colecciones de arte popular y una compulsiva necesidad de adopción de gatos al por mayor. Por último ser poseedor de una amplitud de criterio y apasionado por las exóticas aficiones wildescas, tal como el emulado de referencia, que hiciera que entre sus símiles del oculto mundo artístico lo llamaran con el apelativo de "la negra".

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